TRANSPARENCIA U OPACIDAD


Transparencia. Palabra con la que machaconamente llevamos conviviendo en los últimos tiempos. El Gobierno prepara una Ley de Transparencia. Los partidos políticos dicen ser transparentes. Las administraciones públicas quieren ser transparentes. La ciudadanía exige transparencia al Gobierno, a la Casa Real, a las administraciones, a las entidades financieras, a las empresas que nos suministran los servicios (gas, electricidad, agua, telefonía, combustible). Pero desgraciadamente lo que obtenemos es opacidad. Opacidad en las cuentas de los partidos políticos que se financian de manera irregular. Opacidad en las cuentas de la Casa Real. Opacidad en las entidades financieras. Opacidad en las administraciones. Opacidad en las empresas suministradoras de servicios.

Los empleados públicos y en nuestro caso, los funcionarios de carrera, exigimos a las administraciones transparencia en todos sus actos, y muy especialmente en aquellos que se refieren al personal a su cargo. Transparencia en los procesos selectivos. Transparencia en los concursos de méritos. Transparencia en las comisiones de servicios. Transparencia en la asignación de productividades y gratificaciones. Transparencia en la contratación. Transparencia en la formación. Pero desgraciadamente recibimos opacidad en los procesos selectivos, al impedir que las organizaciones sindicales puedan formar parte de los mismos. Opacidad en los concursos de méritos, al no salir publicadas en la mayoría de organismos y departamentos las tablas por las cuales se bareman los méritos específicos. Opacidad en la asignación de las comisiones de servicios, que en muchas ocasiones se convierten en una nueva forma de libre designación sin tener en cuenta los principios de igualdad, mérito y capacidad. Opacidad en la contratación administrativa mediante fórmulas que impiden el libre concurso de empresas con condiciones de muy difícil cumplimiento o mediante procedimientos negociados sin publicidad. Opacidad en la formación, con ofertas formativas desconocidas para el común del personal, dirigidas única y exclusivamente al personal directivo. Opacidad en la asignación de productividades y gratificaciones, que son tratadas como secreto de estado y asignadas en numerosas ocasiones, no para retribuir el especial rendimiento, la actividad extraordinaria, el interés o iniciativa con que el funcionario desempeñe su trabajo o los servicios extraordinarios realizados fuera de la jornada laboral, sino por la persona en concreto. ¿O cómo se comprende que determinadas personas vayan arrastrando la productividad cuando cambian de puesto de trabajo mientras que a otras sí se las suprime en idénticas circunstancias? ¿Por qué a partir de ciertos niveles todos los funcionarios que desempeñen esos puestos de trabajo tienen productividad? ¿Es que todos tienen un especial rendimiento, una actividad extraordinaria, un interés o iniciativa especial en el desempeño de su puesto de trabajo? Lo siento pero no cuela.

Bajando a nuestro ámbito laboral, concretamente al organismo del cual formo parte como funcionario de carrera, la Agencia Estatal de Meteorología, el ciclo se repite de idéntica forma. Transparencia. El anterior presidente de AEMET se empeñaba una y otra vez en repetirnos ese mantra. El actual presidente de AEMET en su presentación también utilizó la palabra transparencia. Pero desgraciadamente los hechos se empeñan en demostrar lo contrario. La dirección de AEMET continúa ocultando la relación del personal que percibe el complemento de productividad, por poner uno de los ejemplos más clamorosos de opacidad en este organismo, escudándose en la aplicación más restrictiva de un dictamen de la Agencia Española de Protección de Datos por posible incumplimiento de la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD).

Ante esta situación de opacidad, una organización sindical (CCOO) solicitó la colaboración del personal y estuvo recopilando autorizaciones para la cesión de los datos concernientes al percibo del complemento de productividad con el fin de devolver la transparencia en esta cuestión (publicidad de las productividades). ¿Y cual fue el resultado? Poco más de 200 solicitudes de una plantilla de más de 1.400 trabajadores. Resulta comprensible que el personal no esté dispuesto a colaborar con unas organizaciones sindicales que probablemente no estén dando ni la imagen ni el compromiso suficiente en la defensa de los derechos de los trabajadores. Ante esa posibilidad, un grupo de funcionarios comprometidos con la transparencia elaboró un escrito para dirigirlo a la dirección de administración de AEMET, solicitando de nuevo la publicación de los listados con los perceptores del complemento de productividad y, además, autorizando la cesión de los datos para dicha publicación y así no vulnerar la Ley Orgánica de Protección de Datos, si es que en algún momento dicha Ley hubiera sido quebrantada. El resultado es que ahora se publican en la intranet los datos de 19 perceptores del complemento de productividad de un total superior a 200 funcionarios que actualmente perciben dicho complemento.

La transparencia es uno de los principales fundamentos de actuación según el artículo 1.3 h) del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP). También aparece la palabra transparencia en el artículo 20.2 con respecto a los sistemas de evaluación del desempeño, en el artículo 33.1 con respecto a la negociación colectiva, si es que en algún momento existió, en el artículo 55.2 b) en cuanto a los principios rectores, pero sobre todo y muy importante, en el artículo 52, en donde se detallan los principios por los cuales deberán actuar los empleados públicos, y que son los siguientes:

  • Objetividad
  • Integridad
  • Neutralidad
  • Responsabilidad
  • Imparcialidad
  • Confidencialidad
  • Dedicación al servicio público
  • Transparencia
  • Ejemplaridad
  • Austeridad
  • Accesibilidad
  • Eficacia
  • Honradez
  • Promoción del entorno cultural y medioambiental, y
  • Respeto a la igualdad entre mujeres y hombres

Desgraciadamente muchos de estos códigos de conducta que debieran hacer de las administraciones públicas entidades ejemplares, se ven vulnerados por empleados públicos pero, sobre todo, por personal nombrado a dedo que no suelen tener más vinculación administrativa que ser amigo del que tiene el poder de nombrar, el poder del dedo, generalmente cargos políticos en puestos que fomentan la opacidad de las administraciones aunque se empeñen en decir lo contrario.

Transparencia u opacidad. Esta es la cuestión. Si queremos tener transparencia los primeros que debemos serlo somos los empleados públicos, y muy especialmente, los funcionarios de carrera. Es por ello que nuevamente os pido que demostréis esa transparencia que tan bien exigís que exista, y que enviéis el escrito de solicitud de publicación de las productividades y de cesión de datos del percibo de dicho complemento. Me cuesta creer que 1.200 trabajadores, funcionarios de carrera en su gran mayoría, estén a favor de la opacidad. Si quieres transparencia, descarga el escrito en el enlace adjunto y pásalo por registro. Si en cambio optas por la opacidad, entonces no hagas nada pero tampoco te quejes ni exijas transparencia a la organización cuando tú no lo eres.

ESCRITO SOLICITUD AUTORIZACIÓN PUBLICACIÓN PRODUCTIVIDAD

Yo he optado por la TRANSPARENCIA. Defiendo que el salario de un empleado público debe ser eso, público. Y como tal, hice públicos en este mismo blog en entrada del día 9 de febrero, mis ingresos netos anuales desde el año 2004 hasta el año 2011.

¿Y tú? ¿Cuál es tu opción? ¿Transparencia u opacidad?

Carlos Yebra Matiaci.

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Acerca de Carlos Yebra Matiaci

Funcionario de carrera de la Administración General del Estado. Sígueme en https://twitter.com/cymblog
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2 respuestas a TRANSPARENCIA U OPACIDAD

  1. Cristina Santos dijo:

    La influencia del catolicismo en nuestra cultura ha sido y es tan profunda, y ha abarcado y abarca cada uno de los aspectos de nuestra vida social y personal tan completamente que es desgraciado e inevitable rasgo definitorio de nuestra idiosincrasia. Solo hay que comparar con culturas del ámbito protestante y resultantes de la reforma.

    Y entre otras cosas características del catolicismo está el oscurantismo y el dejar las cosas en manos de Dios (véase de otro). Más aún si hablamos de nacional catolicismo, que quien haya estado por el centro de Madrid esta mañana habrá podido disfrutar de una nueva muestra de su resurgimiento.

    Anécdotas aparte, esta introducción no intenta justificar comportamientos, solo explicar algunos.

    Solemos exigir honestidad y transparencia, muy alto y con mucha fuerza, pero con la boca pequeña. Cuando la cosa nos toca de cerca, la intensidad se difumina.

    Mantener un comportamiento de honestidad y transparencia estrictos obligan a un ejercicio continuado de reflexión y alejamiento de esa influencia nociva que nos impregna hasta la médula.

    Me temo que los funcionarios y empleados públicos, como los demás, estamos en el mismo charco y nos debatimos en las mismas coordenadas, y debemos decidir si actuamos desde la boca grande o la boca pequeña.

    Como funcionaria de carrera también de la Agencia Estatal de Meteorología, ante tu pregunta, la respuesta es que opto por la transparencia.

    Hace mucho tiempo ya que presenté el escrito de solicitud de publicación de las productividades y de cesión de datos del percibo de dicho complemento, aunque entonces ya no lo percibía.

    Tambien leí tu entrada de febrero, y si no hecho públicos mis ingresos netos anuales, es porque soy tan desastrosa que no sabría hacerlo. Pero pongo a tu disposición la información que necesites si estás dispuesto a hacerlo por mi.

    Te resultaría fácil, ya que ni siquiera hay resúmenes patrimoniales, al no tener ni casa ni coche propios.

    Finalizo diciendo, Carlos, que este artículo es bueno entre los mejores. Muchas gracias por agitarnos y mantenernos despiertos.

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    • Agitador de conciencias. Es lo que pretendo. Estoy cansado de escuchar cómo los funcionarios se quejan una y otra vez, pero en cambio, no hacen nada por cambiar el estado de las cosas. Y mucho menos cuando les atañe directamente a ellos, no vaya a ser que pierdan lo poco que tienen o no puedan conseguir alguna migaja.

      Así somos. Tan miserables como cualquiera. Eso sí. Unos más que otros.

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